Hay un dato que nos gusta recordar. En 1962, Alejandra Pizarnik publica Árbol de Diana, con prólogo de Octavio Paz, y Rosario Castellanos publica Oficio de tinieblas. Al año siguiente, aparece Rayuela de Julio Cortázar. Cuando contamos esa década, la contamos como la del "Boom latinoamericano", y en ese relato ellas aparecen, en el mejor de los casos, como nota al pie.
Se suele decir que estas escritoras fueron olvidadas. No estamos tan seguros de ello. Nos parece más interesante pensar que fueron leídas, pero de una manera específica: como la excepción, la rara, la que anticipó algo que otros después desarrollarían, o la compañera de alguien más importante. Es decir, no se trata de una ausencia, sino de un lugar. Y un lugar asignado puede ser más difícil de desarmar que un silencio.
Por eso tampoco alcanza con celebrar que hoy se las rescate. Cada época vuelve a ellas buscando algo y vale la pena preguntarse qué buscamos nosotros ahora, qué es lo que antes no podíamos ver y hoy sí.
En esta clase queremos pensar esas cuestiones: cómo se construyó ese lugar en el canon del siglo XX, cuándo y por qué se las volvió a editar y leer y qué de su escritura sigue trabajando en nuestro presente. No hace falta haberlas leído. En todo caso, la clase es una invitación a leerlas de otro modo que es lo que después desarrollamos en el curso Escritoras-maestras, mujeres pensadoras: no como casos a reparar, sino como maestras.